Revista mensual independiente  * Un lugar de encuentro con los misterios…

 

 

 

 

 

OCTUBRE

2007 - Núm 79

Año VII

   Director

Fernando García Rodríguez

fernandogrh@gmail.com

 

Redacción

Equipo CNDIP

 

Depósito Legal

H-51/2001

 

Edita

Centro Nacional de Desarrollo e Investigaciones Paracientíficas

 

Página Web

www.revistamisterios.com

 

Número Ejemplar

79 / Octubre 2.007

Colaboradores

Joaquín Abenza Moreno (Archena - Murcia)   José Antonio Aguilar Suárez (Sevilla)   Miguel Alcaraz Paredes (Sevilla)   Nuno Alves (Portugal)   Pedro Amorós Sogorb (Alicante)   Jordi Ardanuy (Barcelona)   Nacho Ares Regueras (Madrid)   Miguel Asensio (Valladolid)   Cristina Ávila Santos (Madrid)   Vicente Juan Ballester Olmos (Valencia)   Marcos Ant. Benítez Campillo (Algeciras - Cádiz)   Manuel Borraz Aymerich (L'Hospitalet - Barcelona)   Juan Carlos Burgos Pérez (Utrera - Sevilla)   Rafael Cabello Herrero (Sevilla)   Ricardo Campo Pérez (La Victoria de Acentejo - Tenerife)   José Antonio Caravaca (Algeciras - Cádiz)   Manuel Carballal Pazos (A Coruña)   Ángel Carretero Olmedo (San Fernando - Cádiz)   Scott Corrales (Pittsburg - EEUU)   Ignacio Darnaude (Sevilla)   Grupo FÉNIX (A Coruña)   Gustavo Fernández (Paraná - Argentina)   Luis Mariano Fernández (Málaga)   José Manuel Frías (Málaga)   Vicente Gala Miranda (Luarca - Asturias)   Rafael García Román (Francia)   Virginia García Serrano (Huelva)   Moisés Garrido Vázquez (Huelva)   Ana Débora Goldstern (Argentina)   Josep Guijarro Triadó (Terrassa - Barcelona)   Lucy Guzmán Lloveras (Puerto Rico)   Tomás Hernández Boix (Almería)   Iván Hitar Galdón (Albacete)   Ángel Jiménez Morón (Madrid)   Francisco Lahoz Escudero (Albacete)   David Marín (Denia - Alicante)   José Juan Montejo Aguilera (Madrid)   Juan Manuel Moreno Bolaños (Huelva)   José Moreno Lacalle (Puerto Real - Cádiz)   Alfonso Neto Virella (I.Cristina - Huelva)   Isabel Nogales (Madrid)  Raúl Núñez Gálvez (Chile)   Rosa María Padilla (Málaga)   José Antonio Plaza Rincón (Madrid)   Antonio Porrero Jiménez (Sevilla)   José Luis Ramírez Lagares (Sevilla)   Pedro Redón Trabal (Barcelona)   Francisco Renedo Carrandi (Cantabria)   César Reyes (Santa Fe, Argentina)   Ángel Rivero López (Sevilla)   Miguel Ángel Rincón Peña (Prado del Rey - Cádiz)   Ángel Rodríguez Álvarez (Jerez - Cádiz)   José Antonio Roldán Sánchez (Barcelona)   Marisol Roldán Sánchez (Barcelona)   Carlos J. Romero Gaviño (Sevilla)   Juanca Romero Pasmen (Tenerife)   José Ruesga Montiel (Sevilla)   Elizabeth Santos Dorado (Sevilla)   Pedro Sayago Pastor (Alcorcón - Madrid)   Juan Sánchez Gallego (Sevilla)   Miguel Ángel Segura Ceballos (Terrasa - Barcelona)   Eulogio Soto Mahe (México)   Paul Stonehill (EEUU)   José Luis Tajada Herráiz (Madrid)   Luis Viana Amorrich (Huelva)   Enrique Vila López (Tomares - Sevilla)

 

 

 

 

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Editorial

Fernando García

La destrucción de Sodoma y Gomorra

Ángel Rodríguez Álvarez

Escritores malditos

Miguel Ángel Rincón Peña

Fotos en El Barranco de Badajoz

Rafael Cabello Herrero

¿Murió realmente Jesucristo en la cruz?

Ángel Carretero Olmedo

La experiencia mística

Moisés Garrido Vázquez

El Cristo del hueso!

Eulogio Soto mahe

Cartel CAFO II

 

 

 

 

 

 

  

 

 

 

 

Este mes me he retrasado unos días, y es que he tenido que realizar varios cambios de última hora. La Web ha sufrido algunos percances y por fin los he podido subsanar.

En cuanto a esta revista, ya me resulta difícil elegir entre tantos trabajos recibidos. Dado que existían varios artículos sobre temas religiosos o de creencias, he preferido incluirlos todos aquí, aunque no llega a ser un monográfico. Y como presentación, un nuevo colaborador que desde México nos mantendrá informados de aquellas investigaciones que sean de interés: doy la bienvenida a Eulogio Soto Mahe, un investigador que ha publicado en varias revistas de su país y que desde hoy formará parte de nuestros corresponsales y colaboradores habituales.

Y bienvenido también Rafael Cabello Herrero, gran investigador ya conocido por todos.

   Para este mes os recuerdo que tendrá lugar el “II Congreso Andaluz del Fenómeno OVNI” para los próximos días 12 y 13.

Para aquello investigadores que quieran asistir os diré que trataremos de abordar la temática OVNI desde todas sus vertientes. Una serie de conferencias nos pondrán en antecedentes de la actualidad OVNI. Y lo más importante estará protagonizado por todos los asistentes, donde trataremos de aclarar la problemática que se plantea hoy en día para el estudio del fenómeno OVNI.

Para aquellos otros que por circunstancias personales no podéis asistir, haremos un pequeño trabajo que expondremos tanto en la Web como en el próximo número de MISTERIOS. Así que podéis estar seguros de que todas las actividades os llegarán para conocer los pormenores de la actualidad ufológica en España.

   Sobre mis investigaciones, qué más puedo deciros. A través de correos privados intento daros toda la información que solicitáis. Para aquellas personas de Huelva que me preguntaban sobre las excavaciones arqueológicas que se han realizado entre el Seminario y el Hospital… Paciencia… He puesto un pequeño vídeo en la Web, en la sección “Agenda”, pero estoy ultimando los preparativos para daros la información de esta zona y la del Cabezo de San Pedro de manos del arqueólogo encargado de estos proyectos.

   Mis artículos pendientes ya los iré intercalando en la revista según vea la posibilidad de extraer un espacio para ello. Creo que hay trabajos mucho mas interesantes cuyo alcance es mayor que el que yo pueda proporcionar a nivel local.

   No obstante, os sigo animando a participar cada vez que queráis y doy mis felicitaciones desde aquí a José Manuel García Bautista por su nuevo programa radiofónico, y a José Manuel Frías por su aparición en la Televisión Malagueña.

   Y como no podía ser menos, ánimo y buena suerte para Miguel Ángel Segura, por ese nuevo programa de televisión que todos tendremos oportunidad de ver muy pronto.

 

 

 

 

Fernando García Rodríguez

Director

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

El cielo tenía un aspecto plomizo, debido al asfixiante calor, y no soplaba ni una ligera brisa que pudiese refrescar un poco el ambiente tórrido.

Las tiendas estaban formando una especie de poblado, donde se mezclaban las personas con los animales, aunque el grueso de los rebaños estaban en las inmediaciones del improvisado poblado, en rediles.

Habíanse asentado en el Valle de Mamre, en Canaán y Lot, que hasta entonces iba junto a Abrahám, se asentó en la llanura del Jordán, en las cercanías de la ciudad de Sodoma, un verdadero jardín del Edén, zona de riego como en Egipto, separándose así con objeto de evitar las disputas que se producían entre sus respectivos pastores, pues Abraham no deseaba rencillas entre ellos, pues eran hermanos, (en realidad Lot era sobrino de Abraham, hijo de su hermano Arán).

Aquel día todo era de una quietud extrema, debido a las altas temperaturas que aplanaban a las personas y a los animales, dificultando cualquier actividad por mínima que ésta fuera.

Abraham, el Patriarca y jefe de la tribu, se encontraba a la entrada de su tienda. Parecía un día más, como cualquier otro. Pero todo iba a dar un giro inesperado.

Un ligero zumbido, acompañado de un suave viento hizo que Abraham levantara sus ojos y los fijara ante la visión que tenía ante sí. La Gloria del Señor acababa de tocar tierra en las cercanías de su tienda, y tres personajes, tres mensajeros del Señor descendieron y se encaminaron hacia el lugar donde se encontraba el Patriarca.

Abraham los reconoció de inmediato, pues su aspecto regio, impresionante, y sus vestiduras los identificaban plenamente. Además ya estaba familiarizado con su presencia, pues de cuando en cuando venían a visitarle.

Se inclinó ante ellos, en una reverencia profunda para mostrarles su respeto y su sumisión.

"Y el Señor se le apareció a Abraham en la arboleda de terebintos de Mambré, cuando estaba sentado a la puerta de su tienda, al calor del día.

Y levantó los ojos y miró, y vio tres hombres que estaban parados ante él.

Y en cuanto los vio, corrió desde la entrada de la tienda hacia ellos, y se postró en tierra".

Abraham suplicó a los tres enviados del Señor que no pasaran de largo ante su tienda, sin darle la oportunidad de ofrecerles una suculenta comida, como indican las leyes de la hospitalidad entre las gentes de aquellas tierras. Se lo suplicó vehementemente.

Y los misteriosos seres aceptaron, y comieron de un becerro que aderezaron para ellos, y pan que amasaron y manteca y leche, y reposaron a la sombra de un árbol, junto a la tienda del anciano Patriarca, que por entonces tenía la edad de 99 años.

Cuando terminaron de comer y de descansar estaba ya anocheciendo y, el que parecía el jefe, y a quien el anciano llamaba "el Señor", preguntó a Abraham por su esposa Sara, y le dijo:

"Volveré a tí por estas fechas el próximo año. Para entonces, Sara, tu mujer, tendrá un hijo".

"¿A un hombre de cien años ha de nacer hijo?. ¿Y Sara ya de noventa años ha de parir?".

Abraham no podía dar crédito a lo que le habían predicho.

Sara, que escuchaba a escondidas se rió, pensando que no era posible que, ya en la vejez, pudiera parir un hijo.

Recriminaron a Sara duramente por haberse reído de su futura gestación, pues los dioses tenían poder para ello y ella quiso disculparse diciendo que no se había reído, sino que había sentido miedo, pero ellos le contestaron que sí se había reído, e insistieron en que les nacería un hijo, al cual deberían poner por nombre Isaac.

Mientras hablaban todo esto, sus miradas se dirigían insistentemente en dirección a la ciudad de Sodoma. Abraham se dio cuenta de aquel interés por la ciudad.

Los tres enviados se levantaron, y le dijeron a Abraham que no le iban a ocultar lo que habían venido hacer.

"Hemos oído un clamor sobre las abominaciones de Sodoma, Gomorra y las otras tres ciudades, (cinco ciudades que constituían una Pentápolis, y cuyos nombres eran: Sodoma, Gomorra, Adama, Seboim y Segor), y deseamos comprobar por nosotros mismos si es cierto tanta abominación, y si han consumado ya su obra".

Sería muy interesante saber quién informó a los dioses de lo que acontecía en las ciudades citadas, y que obligó a éstos a comprobar por sí mismos la realidad de los informes recibidos, que originaron el terrible castigo que iban a sufrir.

 

LA «GLORIA DEL SEÑOR»

 

 

Dos de los varones se dirigieron caminando hacia Sodoma, mientras que el que los dirigía, el Señor, se quedaba con el Patriarca. Y siguió informándole sobre lo que iban a hacer.

"Voy a destruir estas ciudades, y a no dejar sobre ellas piedra sobre piedra, exterminando a todos sus pobladores, arrasando, también, los campos circundantes”.

Mostró Abraham temor ante estas palabras, y temió también por Lot y toda su gente. Cuando los dioses llevaban a cabo algún castigo, éste era de consecuencias aterradoras.

Pero el Señor le tranquilizó, anunciándole que pondría a salvo a su sobrino.

Era ya prácticamente de noche, cuando los dos enviados llegaban a la ciudad de Sodoma, encontrando sentado en sus puertas a Lot, el cual reconoció a los visitantes, inclinándose ante ellos como señal de reverencia y sumisión.

Pese a las palabras tranquilizadoras del Señor, Abraham temía por la suerte de los habitantes de las cinco ciudades, pues no consideraba que debieran pagar con sus vidas aquellos habitantes que no hubiesen sido corrompidos.

Así pues, decidió interceder por aquellas gentes.

Pero debía hacerlo con prudencia, pues temible era la cólera de los dioses, cuando ésta se desataba.

Juntando sus manos y dirigiéndolas hacia su interlocutor en actitud de súplica, le dijo, temeroso:

"Oh, Señor, ¿Harás una destrucción tal, que incluya también a las personas justas?. ¿Destruirás al justo en unión de el impío?.

Tal vez hubiera cincuenta justos en la ciudad. ¿La destruirás igualmente, sin perdonarla por los cincuenta justos ?.

Tú eres el Juez de toda la Tierra. No debes tratar a todos por igual.

Nunca hagas eso, mi Señor. No, no lo hagas. No trates al justo como al impío".

El dios miró a Abraham, y sonrió ante la petición del anciano.

Después volvió su mirada hacia Sodoma y nuevamente su rostro tornó a ser grave. Y habló. Y éstas fueron sus palabras:

"Si yo pudiera hallar cincuenta justos en el interior de estas ciudades, las perdonaría por amor y por justicia ante esos cincuenta. No. Puedes tener la seguridad que no habría tal destrucción".

Abraham, tímidamente, se atrevió a ir más allá:

"Aunque soy polvo y ceniza, me atrevo a suplicar aún por cinco menos.

Sólo por cinco menos. ¿Si hubiera tan sólo cuarenta y cinco justos, ¿Serían destruidas las ciudades?".

"No. No las destruiría si sólo hallara cuarenta y cinco justos".

"¿Tal vez cuarenta?".

"No lo haré si se encontrasen allí cuarenta".

"No te enojes, mi Señor, si continúo hablando...¿Treinta?. ¿Si hubiera treinta?".

El Señor sonrió. Le agradaba la bondad de este anciano, y su defensa de aquellas poblaciones.

"Si hubiera treinta, Abraham, tampoco destruiría las ciudades".

"Ya que he comenzado Señor... ¿y veinte?. ¿Si tan sólo hubiera veinte justos?".

"No destruiría las ciudades si hubiera veinte. Por amor de esos veinte, no habría destrucción".

"Sólo por última vez, Señor. Por diez justos. Si hubiera diez justos..."

El misterioso personaje, finalizó diciendo:

"No las destruiría si hubiera tan sólo diez justos".

Después, majestuosamente, se dirigió a la Gloria del Señor, y entrando en ella, ésta se elevó en el aire. Parecía una bella joya brillando en el cielo.

Una vez que alcanzó una determinada altura, partió velozmente, desapareciendo de la vista del Patriarca, que se quedó en silencio, abrumado, con la mirada puesta en el punto por donde el Trono del Señor había desaparecido.

Bien sabía Abraham que no había ni siquiera diez justos en aquellas depravadas ciudades, donde comían hasta que vomitaban, practicaban la violencia sexual en todas sus formas, y donde el ser humano había perdido toda vergüenza y dignidad, adoptando comportamientos inconcebibles para seres humanos, y que ni siquiera las bestias realizaban.

Asaltaban a los forasteros, los violentaban sexualmente, ofendiendo su dignidad de forma brutal, asesinaban y llegaban a beber la sangre de los desgraciados que se convertían en sus víctimas. Vivían totalmente embrutecidos, en continuas orgías de sexo, sangre, gula y cuantos vicios y degeneraciones se pudiera imaginar.

No había en ellos atisbo alguno de humanidad, cohabitando incluso con los animales, pese a la advertencia clara del Señor: "Maldito de mí el hombre o la mujer que se ayuntare con una bestia".

Lot insistió para que los forasteros, enviados celestiales, se alojasen en su morada, donde les ofrecería un banquete, y donde podrían descansar.

Pero los habitantes de Sodoma, cuando los dos varones se retiraban para dormir, se llegaron a la puerta de la casa, y a grandes gritos y con fuertes risotadas, ebrios la mayoría, exigieron la presencia de Lot.

Este acudió presuroso, suplicando a los sodomitas que se habían concentrado allí, desde los más jóvenes a los de mayor edad, para que se alejasen y dejasen descansar en paz a los dos forasteros.

"¿Quién eres tú, Lot, un extranjero entre nosotros, para decirnos lo que debemos o no debemos hacer?. En repetidas ocasiones hemos tenido que soportar que te dirigieras a nosotros, para censurar nuestros actos y despreciando nuestras costumbres, amenazándonos con los castigos de tus dioses. Hasta ahora hemos tenido paciencia contigo y con tu familia, pero nuestra paciencia toca ya a su fin.

Te advertimos que no podías invitar a nadie a tu hogar, sin nuestro consentimiento y aprobación, hasta que nosotros los hubiésemos examinado.

Saca pues a esos hombres, para que podamos ejercer violencia carnal contra ellos, según nuestras costumbres".

Lot contestó:

"Respetad las leyes de la hospitalidad, y marchaos. Temed al juicio del Señor, y volved a vuestras casas, con vuestras legítimas esposas".

"¡Maldito seas, Lot, y maldito sea el vientre que te engendró!. ¡Cesa ya en tus vanos discursos y danos a los forasteros, tal como te hemos exigido!".

Lot, asustado, llegó a ofrecer a sus propias hijas, para evitar que deshonrasen a los enviados del Señor.

"Mirad que tengo dos hijas aún solteras y que no han conocido varón.

Tomadlas y haced con ellas cuanto os plazca".

"¡Estás colmando nuestra paciencia, Lot!. ¡Déjanos pasar, o tú y tu familia sufriréis las consecuencias!.

E intentaron violentar la entrada, dando un fuerte empellón a Lot, que cayó al suelo, hacia el interior de la vivienda.

Cuando todo parecía ya perdido, aparecieron los dos misteriosos varones, quienes salieron, cerraron la puerta de la vivienda, con Lot dentro, y se enfrentaron a los presentes. Todos se quedaron quietos, mirándolos.

Cuando intentaron arrojarse contra ellos, los dos enviados emitieron, con un objeto que portaban, una luz deslumbrante muy intensa, que dejó ciegos a los sodomitas, que ya no pudieron conseguir sus depravados fines.

La situación habíase tornado insostenible, por lo que los dioses urgieron a Lot:

"¡Toma a tu mujer y a tus hijas, y a cuantos familiares tengas, y abandona la ciudad, porque el clamor contra ella ha llegado hasta Jehová, y vamos a destruirla!. ¡Házlo rápidamente, pues ya no queda tiempo!".

Lot avisó a sus yernos, y a sus siervos, advirtiéndoles que se apresurasen en abandonar Sodoma, porque el Señor iba a destruirla. Pero todos tomaron a broma, con grandes risas, cuanto Lot les decía, y no hicieron caso.

Así pues, los dos enviados empujaron a Lot, a su mujer y a sus dos hijas solteras, para que se marcharan, dejándolo todo.

Los dioses llevaron casi en volandas a Lot, a su mujer y a sus dos hijas a las afueras, y le dijeron al sobrino de Abraham:

"¡Escapa!. ¡Huye a las montañas!. ¡Huye y no mires siquiera hacia atrás!.

¡Huye por tu vida!".

Lot, aterrorizado, temía que no les diese tiempo a llegar a las montañas, por lo que pidió a los dioses que retrasasen la destrucción para darles tiempo a llegar a la ciudad de Zoar, la ciudad más alejada de Sodoma. Los dos varones accedieron, pero siguieron urgiendo a Lot, para que se apresurase a alejarse de allí.

"De acuerdo. Escápate a esa ciudad. Pero date prisa, pues no podemos hacer nada hasta que te encuentres a salvo".

Mientras Lot, su mujer y sus dos hijas solteras se alejaban presurosos, la Gloria del Señor descendió y los dos varones penetraron en ella. Después se elevó y rápidamente se perdió en el cielo, como una estrella.

La suerte de las cinco ciudades estaba echada.

A las primeras horas del alba, Abraham se hallaba sobre la cima de una montaña, cerca de Hebrón, a unos 35 kilómetros de la zona donde se iba a desarrollar el terrible drama marcado por la cólera del Señor.

Miraba inquieto en la dirección donde se hallaba la ciudad de Sodoma, advertido de su inminente destrucción.

En el cielo, dos pequeñas luces se desplazaban velozmente, descendiendo hacia el valle de Sidim, y pasando en vuelo rasante sobre la ciudad de Sodoma, así como sobre las otras ciudades de la Pentápolis, para elevarse nuevamente hacia lo alto.

Después se detuvieron. Quedaron estáticas en el cielo por unos minutos.

El corazón de Abraham comenzó a latir aceleradamente.

En una de las luces se advirtió un destello. Algo pareció desprenderse, cayendo hacia el suelo.

A unos 500 metros sobre el suelo se produjo una terrible explosión. Una luz intensa, como el fulgor de mil soles se formó, iluminando el paisaje como si fuera la luz del día, pero con una intensidad extraordinaria.

De pronto se produjo una especie de penumbra, de la que destacó una luz púrpura, que acompañada de una gran humareda se elevó hacia el cielo.

Un viento huracanado barrió todo cuanto se encontraba a su paso sobre la superficie de la Tierra. Todo, en cuestión de segundos, quedó reducido a cenizas.

El suelo se estremeció, y de igual forma se estremecieron los corazones de las personas.

Una especie de hongo gigantesco ascendía hasta unos veinte kilómetros de altura.

Todo quedó reducido a la nada. La destrucción fue total, y no quedó piedra sobre piedra, ni personas, ni animales, ni siquiera la hierba de los campos circundantes. Nada escapó a la cólera del Señor.

De los ojos de Abraham se deslizaron algunas lágrimas de compasión hacia las víctimas de tamaño holocausto. Lágrimas que realmente no se merecían, tal había sido su depravación.

A la destrucción inicial se añadió un cataclismo sísmico, que abrió las entrañas de la Tierra. Los depósitos de alquitrán y el petróleo que yacía bajo tierra explosionaron a su vez, aumentando las consecuencias del desastre, con azufre y fuego intenso.

Se produjo una brecha en la zona Meridional, una ruptura de la costa y la zona, que se hallaba bajo el nivel del mar, se vio anegada por las aguas, que sumergieron las regiones bajas del sur, tragándose las ruinas de las ciudades malditas.

"El sol se elevaba sobre la Tierra cuando Lot llegó a Zohar. Y el Señor hizo llover sobre Sodoma y Gomorra desde los cielos, azufre y fuego de parte de Yavéh.

El destruyó aquellas ciudades y toda la llanura, y a todos los habitantes de las ciudades y toda vegetación que crece desde el suelo".

 

AMANECER EN SODOMA

 

 

El lago de Lot, con una cantidad de sal superior al 27%, fue la tumba final para quienes se atrevieron a desafiar al Señor. Fue llamado el Mar

Muerto, o Mar de la Sal, (o Lago Asfaltitos por los romanos).

Lot y su familia fueron a morar a las cuevas de las montañas, pues no se consideraba seguro en Zohar, que creyó sería destruida, también. La destrucción llegó a ser de tal extremo, que esta familia creyó que habían llegado a ser los únicos habitantes de la Tierra.

La mujer de Lot, que era no creyente, y que deseaba saber cuál había sido la suerte que había seguido la gente de Sodoma, volvió sobre sus pasos y penetró en el área de la explosión, quedando vaporizada.

Pese a que la tribu de Abraham se hallaba acampada a ochenta kilómetros de la zona, el Patriarca ordenó levantar el campo, aterrorizado, y desplazarse a zonas más seguras.

Era el año 2024 antes de Cristo.

Así pues, viendo Lot que la destrucción era muy grande, y que todo había quedado arrasado, y temiendo por sus vidas que parecían no garantizar su estancia en la ciudad de Zoar, mudáronse a unas cuevas existentes en las montañas, donde se refugiaron de la terrible devastación. Zoar, que no fue exterminada, quedaba sin embargo en la zona del desastre, por lo que sus habitantes la evacuaron dejándola abandonada.

Pasado algún tiempo, Lot y sus hijas pensaron que eran los únicos habitantes de la Tierra, pues toda el área había quedado sin gente, que se había alejado de los efectos mortales de la radiactividad.

Pensando que iban a quedar sin descendencia, idearon acostarse con su padre, para lo cual lo embriagaron y yacieron con él, quedando ambas en cinta. Por aquella época no parecía haber problemas en que se pudiera tener más de una mujer, o en la relación entre parientes consanguíneos.

La mayor de las hijas dio a luz a Moab, que fue el padre de los actuales moabitas.

La más joven parió a Ben Ammí, padre de los actuales ammonitas.

Abraham se quedó a vivir en el país de los filisteos durante muchos años, y su esposa Sara dio a luz a un varón a quien pusieron por nombre

Isaac, cumpliéndose así la predicción de los dioses, que posiblemente tuvieron mucho que ver en ese nacimiento.

Aquí acaba el relato sobre la destrucción de la zona donde se asentaban las cinco ciudades que fueron malditas por su anormal comportamiento.

Pero ¿fue así en realidad? ¿No sería al revés, que las citadas ciudades fueron destruidas por ser leales al dios rival de Jehová, llamado Enki, cuyo símbolo era la serpiente y que era su hermano?.

Jehová era, al parecer, Enlil, el dios que odiaba o al menos despreciaba al ser humano, y que participó en todas y cada una de las acciones en que se produjo una destrucción o devastación, buscando la desaparición de esa Humanidad esclava, Humanidad que repugnaba a ese Enlil, que fue adoptado como Dios por el pueblo de Israel, que no pudo hacer peor elección.

Entre el malo y el bueno, eligieron al malo como Dios de Israel, el dios cruel y vengativo de la Biblia.

Jehová-Enlil, fue quien produjo el Diluvio que arrasó el planeta, y que pudo acabar con el ser humano de no haber sido por el aviso y la ayuda del dios bueno, Enki, Diluvio que horrorizó incluso a los propios dioses Annunakis, y que los obligó a abandonar, temporalmente, nuestro planeta.

¿Fueron entonces los habitantes de la Pentápolis culpables de un comportamiento antinatural y castigados por ello, o bien fueron víctimas de la rivalidad de los dioses en sus disputas y espantosas guerras?.

Los dioses encargados de provocar la destrucción, no sólo destruyeron las cinco ciudades de Canaán, sino las instalaciones, (espaciopuerto), que los dioses rivales mantenían en el Sinaí. La explosión del Valle de Siddim fue secundaria pero unida a la espantosa destrucción del Sinaí.

La radiactividad producida por estas destrucciones afectó a todo Sumer, y las gentes morían de una muerte terrible, así como los animales. Todo quedó contaminado, y la tierra imposibilitada para el cultivo.

La gran civilización de Sumer desaparece, y la herencia pasa a Abraham y a su semilla Isaac.

Muchos arqueólogos e historiadores siguieron la pista de estos sucesos, y no pudieron hallar los restos de las ciudades malditas, pero otros creen haberlas hallado justo en la zona donde la Biblia dice que se hallaban. Pero, ¿son ésas ciudades las que formaban parte de la Pentápolis?.

Desde luego, lo fueran o no, estas ciudades encontradas también habían sido destruidas.

Estos relatos de las idas y venidas de los dioses, y de sus terribles enfrentamientos vienen descritos en los textos cuneiformes de las tablillas de la civilización sumeria, de donde bebieron los cronistas que escribieron