Revista mensual
independiente * Un lugar de encuentro
con los misterios…
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OCTUBRE 2007 - Núm 79 Año VII |
Director Fernando García Rodríguez
Redacción Equipo CNDIP Depósito Legal H-51/2001 Edita
Centro Nacional de Desarrollo e Investigaciones Paracientíficas Página Web Número Ejemplar 79 / Octubre
2.007 |
Colaboradores Joaquín Abenza Moreno (Archena - Murcia) José Antonio Aguilar Suárez (Sevilla) Miguel Alcaraz Paredes (Sevilla) Nuno Alves (Portugal) Pedro
Amorós Sogorb (Alicante) Jordi Ardanuy (Barcelona) Nacho Ares Regueras (Madrid)
Miguel
Asensio (Valladolid) Cristina Ávila Santos (Madrid) Vicente Juan Ballester Olmos (Valencia) Marcos Ant. Benítez Campillo (Algeciras - Cádiz) Manuel Borraz Aymerich (L'Hospitalet - Barcelona) Juan Carlos Burgos Pérez (Utrera - Sevilla) Rafael Cabello Herrero (Sevilla) Ricardo Campo Pérez (
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Fernando García La destrucción de Sodoma y Gomorra Ángel Rodríguez Álvarez Miguel Ángel Rincón Peña Fotos
en El Barranco de Badajoz Rafael Cabello Herrero ¿Murió
realmente Jesucristo en la cruz? Ángel Carretero Olmedo Moisés Garrido Vázquez Eulogio Soto mahe |
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Este mes me he retrasado unos días, y es que he tenido que
realizar varios cambios de última hora. En cuanto a esta revista, ya me resulta difícil elegir entre
tantos trabajos recibidos. Dado que existían varios artículos sobre temas
religiosos o de creencias, he preferido incluirlos todos aquí, aunque no
llega a ser un monográfico. Y como presentación, un nuevo colaborador que
desde México nos mantendrá informados de aquellas investigaciones que sean de
interés: doy la bienvenida a Eulogio Soto Mahe, un investigador que ha
publicado en varias revistas de su país y que desde hoy formará parte de
nuestros corresponsales y colaboradores habituales. Y bienvenido también Rafael Cabello Herrero, gran investigador
ya conocido por todos. Para este mes os
recuerdo que tendrá lugar el “II Congreso Andaluz del Fenómeno OVNI” para los
próximos días 12 y 13. Para aquello investigadores que quieran asistir os diré que
trataremos de abordar la temática OVNI desde todas sus vertientes. Una serie
de conferencias nos pondrán en antecedentes de la actualidad OVNI. Y lo más
importante estará protagonizado por todos los asistentes, donde trataremos de
aclarar la problemática que se plantea hoy en día para el estudio del
fenómeno OVNI. Para aquellos otros que por circunstancias personales no podéis
asistir, haremos un pequeño trabajo que expondremos tanto en Sobre mis
investigaciones, qué más puedo deciros. A través de correos privados intento
daros toda la información que solicitáis. Para aquellas personas de Huelva
que me preguntaban sobre las excavaciones arqueológicas que se han realizado
entre el Seminario y el Hospital… Paciencia… He puesto un pequeño vídeo en Mis artículos
pendientes ya los iré intercalando en la revista según vea la posibilidad de
extraer un espacio para ello. Creo que hay trabajos mucho mas interesantes
cuyo alcance es mayor que el que yo pueda proporcionar a nivel local. No obstante, os sigo
animando a participar cada vez que queráis y doy mis felicitaciones desde
aquí a José Manuel García Bautista por su nuevo programa radiofónico, y a
José Manuel Frías por su aparición en Y como no podía ser
menos, ánimo y buena suerte para Miguel Ángel Segura, por ese nuevo programa
de televisión que todos tendremos oportunidad de ver muy pronto. |
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Fernando García
Rodríguez Director |
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El cielo tenía
un aspecto plomizo, debido al asfixiante calor, y no soplaba ni una ligera brisa
que pudiese refrescar un poco el ambiente tórrido.
Las tiendas
estaban formando una especie de poblado, donde se mezclaban las personas con
los animales, aunque el grueso de los rebaños estaban en las inmediaciones del
improvisado poblado, en rediles.
Habíanse
asentado en el Valle de Mamre, en Canaán y Lot, que hasta entonces iba junto a
Abrahám, se asentó en la llanura del Jordán, en las cercanías de la ciudad de
Sodoma, un verdadero jardín del Edén, zona de riego como en Egipto, separándose
así con objeto de evitar las disputas que se producían entre sus respectivos
pastores, pues Abraham no deseaba rencillas entre ellos, pues eran hermanos,
(en realidad Lot era sobrino de Abraham, hijo de su hermano Arán).
Aquel día todo
era de una quietud extrema, debido a las altas temperaturas que aplanaban a las
personas y a los animales, dificultando cualquier actividad por mínima que ésta
fuera.
Abraham, el
Patriarca y jefe de la tribu, se encontraba a la entrada de su tienda. Parecía
un día más, como cualquier otro. Pero todo iba a dar un giro inesperado.
Un ligero
zumbido, acompañado de un suave viento hizo que Abraham levantara sus ojos y
los fijara ante la visión que tenía ante sí.
Abraham los
reconoció de inmediato, pues su aspecto regio, impresionante, y sus vestiduras
los identificaban plenamente. Además ya estaba familiarizado con su presencia,
pues de cuando en cuando venían a visitarle.
Se inclinó
ante ellos, en una reverencia profunda para mostrarles su respeto y su
sumisión.
"Y el
Señor se le apareció a Abraham en la arboleda de terebintos de Mambré, cuando
estaba sentado a la puerta de su tienda, al calor del día.
Y levantó los
ojos y miró, y vio tres hombres que estaban parados ante él.
Y en cuanto
los vio, corrió desde la entrada de la tienda hacia ellos, y se postró en
tierra".
Abraham
suplicó a los tres enviados del Señor que no pasaran de largo ante su tienda,
sin darle la oportunidad de ofrecerles una suculenta comida, como indican las
leyes de la hospitalidad entre las gentes de aquellas tierras. Se lo suplicó
vehementemente.
Y los
misteriosos seres aceptaron, y comieron de un becerro que aderezaron para
ellos, y pan que amasaron y manteca y leche, y reposaron a la sombra de un
árbol, junto a la tienda del anciano Patriarca, que por entonces tenía la edad
de 99 años.
Cuando
terminaron de comer y de descansar estaba ya anocheciendo y, el que parecía el
jefe, y a quien el anciano llamaba "el Señor", preguntó a Abraham por
su esposa Sara, y le dijo:
"Volveré
a tí por estas fechas el próximo año. Para entonces, Sara, tu mujer, tendrá un
hijo".
"¿A un
hombre de cien años ha de nacer hijo?. ¿Y Sara ya de noventa años ha de
parir?".
Abraham no
podía dar crédito a lo que le habían predicho.
Sara, que
escuchaba a escondidas se rió, pensando que no era posible que, ya en la vejez,
pudiera parir un hijo.
Recriminaron a
Sara duramente por haberse reído de su futura gestación, pues los dioses tenían
poder para ello y ella quiso disculparse diciendo que no se había reído, sino
que había sentido miedo, pero ellos le contestaron que sí se había reído, e
insistieron en que les nacería un hijo, al cual deberían poner por nombre
Isaac.
Mientras
hablaban todo esto, sus miradas se dirigían insistentemente en dirección a la
ciudad de Sodoma. Abraham se dio cuenta de aquel interés por la ciudad.
Los tres
enviados se levantaron, y le dijeron a Abraham que no le iban a ocultar lo que
habían venido hacer.
"Hemos
oído un clamor sobre las abominaciones de Sodoma, Gomorra y las otras tres
ciudades, (cinco ciudades que constituían una Pentápolis, y cuyos nombres eran:
Sodoma, Gomorra, Adama, Seboim y Segor), y deseamos comprobar por nosotros
mismos si es cierto tanta abominación, y si han consumado ya su obra".
Sería muy
interesante saber quién informó a los dioses de lo que acontecía en las
ciudades citadas, y que obligó a éstos a comprobar por sí mismos la realidad de
los informes recibidos, que originaron el terrible castigo que iban a sufrir.
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LA «GLORIA DEL SEÑOR» |
Dos de los
varones se dirigieron caminando hacia Sodoma, mientras que el que los dirigía,
el Señor, se quedaba con el Patriarca. Y siguió informándole sobre lo que iban
a hacer.
"Voy a
destruir estas ciudades, y a no dejar sobre ellas piedra sobre piedra,
exterminando a todos sus pobladores, arrasando, también, los campos
circundantes”.
Mostró Abraham
temor ante estas palabras, y temió también por Lot y toda su gente. Cuando los
dioses llevaban a cabo algún castigo, éste era de consecuencias aterradoras.
Pero el Señor
le tranquilizó, anunciándole que pondría a salvo a su sobrino.
Era ya
prácticamente de noche, cuando los dos enviados llegaban a la ciudad de Sodoma,
encontrando sentado en sus puertas a Lot, el cual reconoció a los visitantes,
inclinándose ante ellos como señal de reverencia y sumisión.
Pese a las
palabras tranquilizadoras del Señor, Abraham temía por la suerte de los
habitantes de las cinco ciudades, pues no consideraba que debieran pagar con
sus vidas aquellos habitantes que no hubiesen sido corrompidos.
Así pues,
decidió interceder por aquellas gentes.
Pero debía
hacerlo con prudencia, pues temible era la cólera de los dioses, cuando ésta se
desataba.
Juntando sus
manos y dirigiéndolas hacia su interlocutor en actitud de súplica, le dijo,
temeroso:
"Oh,
Señor, ¿Harás una destrucción tal, que incluya también a las personas justas?.
¿Destruirás al justo en unión de el impío?.
Tal vez
hubiera cincuenta justos en la ciudad. ¿La destruirás igualmente, sin
perdonarla por los cincuenta justos ?.
Tú eres el
Juez de toda
Nunca hagas
eso, mi Señor. No, no lo hagas. No trates al justo como al impío".
El dios miró a
Abraham, y sonrió ante la petición del anciano.
Después volvió
su mirada hacia Sodoma y nuevamente su rostro tornó a ser grave. Y habló. Y
éstas fueron sus palabras:
"Si yo
pudiera hallar cincuenta justos en el interior de estas ciudades, las
perdonaría por amor y por justicia ante esos cincuenta. No. Puedes tener la
seguridad que no habría tal destrucción".
Abraham,
tímidamente, se atrevió a ir más allá:
"Aunque
soy polvo y ceniza, me atrevo a suplicar aún por cinco menos.
Sólo por cinco
menos. ¿Si hubiera tan sólo cuarenta y cinco justos, ¿Serían destruidas las
ciudades?".
"No. No
las destruiría si sólo hallara cuarenta y cinco justos".
"¿Tal vez
cuarenta?".
"No lo haré
si se encontrasen allí cuarenta".
"No te
enojes, mi Señor, si continúo hablando...¿Treinta?. ¿Si hubiera treinta?".
El Señor
sonrió. Le agradaba la bondad de este anciano, y su defensa de aquellas
poblaciones.
"Si
hubiera treinta, Abraham, tampoco destruiría las ciudades".
"Ya que
he comenzado Señor... ¿y veinte?. ¿Si tan sólo hubiera veinte justos?".
"No
destruiría las ciudades si hubiera veinte. Por amor de esos veinte, no habría
destrucción".
"Sólo por
última vez, Señor. Por diez justos. Si hubiera diez justos..."
El misterioso
personaje, finalizó diciendo:
"No las
destruiría si hubiera tan sólo diez justos".
Después,
majestuosamente, se dirigió a
Una vez que
alcanzó una determinada altura, partió velozmente, desapareciendo de la vista
del Patriarca, que se quedó en silencio, abrumado, con la mirada puesta en el
punto por donde el Trono del Señor había desaparecido.
Bien sabía
Abraham que no había ni siquiera diez justos en aquellas depravadas ciudades,
donde comían hasta que vomitaban, practicaban la violencia sexual en todas sus
formas, y donde el ser humano había perdido toda vergüenza y dignidad,
adoptando comportamientos inconcebibles para seres humanos, y que ni siquiera
las bestias realizaban.
Asaltaban a
los forasteros, los violentaban sexualmente, ofendiendo su dignidad de forma
brutal, asesinaban y llegaban a beber la sangre de los desgraciados que se
convertían en sus víctimas. Vivían totalmente embrutecidos, en continuas orgías
de sexo, sangre, gula y cuantos vicios y degeneraciones se pudiera imaginar.
No había en
ellos atisbo alguno de humanidad, cohabitando incluso con los animales, pese a
la advertencia clara del Señor: "Maldito de mí el hombre o la mujer que se
ayuntare con una bestia".
Lot insistió
para que los forasteros, enviados celestiales, se alojasen en su morada, donde
les ofrecería un banquete, y donde podrían descansar.
Pero los
habitantes de Sodoma, cuando los dos varones se retiraban para dormir, se
llegaron a la puerta de la casa, y a grandes gritos y con fuertes risotadas,
ebrios la mayoría, exigieron la presencia de Lot.
Este acudió
presuroso, suplicando a los sodomitas que se habían concentrado allí, desde los
más jóvenes a los de mayor edad, para que se alejasen y dejasen descansar en
paz a los dos forasteros.
"¿Quién
eres tú, Lot, un extranjero entre nosotros, para decirnos lo que debemos o no
debemos hacer?. En repetidas ocasiones hemos tenido que soportar que te
dirigieras a nosotros, para censurar nuestros actos y despreciando nuestras
costumbres, amenazándonos con los castigos de tus dioses. Hasta ahora hemos
tenido paciencia contigo y con tu familia, pero nuestra paciencia toca ya a su
fin.
Te advertimos
que no podías invitar a nadie a tu hogar, sin nuestro consentimiento y
aprobación, hasta que nosotros los hubiésemos examinado.
Saca pues a
esos hombres, para que podamos ejercer violencia carnal contra ellos, según
nuestras costumbres".
Lot contestó:
"Respetad
las leyes de la hospitalidad, y marchaos. Temed al juicio del Señor, y volved a
vuestras casas, con vuestras legítimas esposas".
"¡Maldito
seas, Lot, y maldito sea el vientre que te engendró!. ¡Cesa ya en tus vanos
discursos y danos a los forasteros, tal como te hemos exigido!".
Lot, asustado,
llegó a ofrecer a sus propias hijas, para evitar que deshonrasen a los enviados
del Señor.
"Mirad
que tengo dos hijas aún solteras y que no han conocido varón.
Tomadlas y
haced con ellas cuanto os plazca".
"¡Estás colmando
nuestra paciencia, Lot!. ¡Déjanos pasar, o tú y tu familia sufriréis las
consecuencias!.
E intentaron
violentar la entrada, dando un fuerte empellón a Lot, que cayó al suelo, hacia
el interior de la vivienda.
Cuando todo parecía
ya perdido, aparecieron los dos misteriosos varones, quienes salieron, cerraron
la puerta de la vivienda, con Lot dentro, y se enfrentaron a los presentes.
Todos se quedaron quietos, mirándolos.
Cuando
intentaron arrojarse contra ellos, los dos enviados emitieron, con un objeto
que portaban, una luz deslumbrante muy intensa, que dejó ciegos a los
sodomitas, que ya no pudieron conseguir sus depravados fines.
La situación
habíase tornado insostenible, por lo que los dioses urgieron a Lot:
"¡Toma a
tu mujer y a tus hijas, y a cuantos familiares tengas, y abandona la ciudad,
porque el clamor contra ella ha llegado hasta Jehová, y vamos a destruirla!.
¡Házlo rápidamente, pues ya no queda tiempo!".
Lot avisó a
sus yernos, y a sus siervos, advirtiéndoles que se apresurasen en abandonar
Sodoma, porque el Señor iba a destruirla. Pero todos tomaron a broma, con
grandes risas, cuanto Lot les decía, y no hicieron caso.
Así pues, los
dos enviados empujaron a Lot, a su mujer y a sus dos hijas solteras, para que
se marcharan, dejándolo todo.
Los dioses
llevaron casi en volandas a Lot, a su mujer y a sus dos hijas a las afueras, y
le dijeron al sobrino de Abraham:
"¡Escapa!.
¡Huye a las montañas!. ¡Huye y no mires siquiera hacia atrás!.
¡Huye por tu
vida!".
Lot, aterrorizado,
temía que no les diese tiempo a llegar a las montañas, por lo que pidió a los
dioses que retrasasen la destrucción para darles tiempo a llegar a la ciudad de
Zoar, la ciudad más alejada de Sodoma. Los dos varones accedieron, pero
siguieron urgiendo a Lot, para que se apresurase a alejarse de allí.
"De
acuerdo. Escápate a esa ciudad. Pero date prisa, pues no podemos hacer nada
hasta que te encuentres a salvo".
Mientras Lot,
su mujer y sus dos hijas solteras se alejaban presurosos,
La suerte de
las cinco ciudades estaba echada.
A las primeras
horas del alba, Abraham se hallaba sobre la cima de una montaña, cerca de
Hebrón, a unos
Miraba
inquieto en la dirección donde se hallaba la ciudad de Sodoma, advertido de su
inminente destrucción.
En el cielo,
dos pequeñas luces se desplazaban velozmente, descendiendo hacia el valle de
Sidim, y pasando en vuelo rasante sobre la ciudad de Sodoma, así como sobre las
otras ciudades de
Después se
detuvieron. Quedaron estáticas en el cielo por unos minutos.
El corazón de
Abraham comenzó a latir aceleradamente.
En una de las
luces se advirtió un destello. Algo pareció desprenderse, cayendo hacia el
suelo.
A unos
De pronto se
produjo una especie de penumbra, de la que destacó una luz púrpura, que
acompañada de una gran humareda se elevó hacia el cielo.
Un viento
huracanado barrió todo cuanto se encontraba a su paso sobre la superficie de
El suelo se
estremeció, y de igual forma se estremecieron los corazones de las personas.
Una especie de
hongo gigantesco ascendía hasta unos veinte kilómetros de altura.
Todo quedó
reducido a la nada. La destrucción fue total, y no quedó piedra sobre piedra,
ni personas, ni animales, ni siquiera la hierba de los campos circundantes.
Nada escapó a la cólera del Señor.
De los ojos de
Abraham se deslizaron algunas lágrimas de compasión hacia las víctimas de
tamaño holocausto. Lágrimas que realmente no se merecían, tal había sido su
depravación.
A la
destrucción inicial se añadió un cataclismo sísmico, que abrió las entrañas de
Se produjo una
brecha en la zona Meridional, una ruptura de la costa y la zona, que se hallaba
bajo el nivel del mar, se vio anegada por las aguas, que sumergieron las
regiones bajas del sur, tragándose las ruinas de las ciudades malditas.
"El sol
se elevaba sobre
El destruyó
aquellas ciudades y toda la llanura, y a todos los habitantes de las ciudades y
toda vegetación que crece desde el suelo".
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AMANECER EN SODOMA |
El lago de
Lot, con una cantidad de sal superior al 27%, fue la tumba final para quienes
se atrevieron a desafiar al Señor. Fue llamado el Mar
Muerto, o Mar
de
Lot y su familia
fueron a morar a las cuevas de las montañas, pues no se consideraba seguro en
Zohar, que creyó sería destruida, también. La destrucción llegó a ser de tal
extremo, que esta familia creyó que habían llegado a ser los únicos habitantes
de
La mujer de
Lot, que era no creyente, y que deseaba saber cuál había sido la suerte que
había seguido la gente de Sodoma, volvió sobre sus pasos y penetró en el área
de la explosión, quedando vaporizada.
Pese a que la
tribu de Abraham se hallaba acampada a ochenta kilómetros de la zona, el
Patriarca ordenó levantar el campo, aterrorizado, y desplazarse a zonas más
seguras.
Era el año
2024 antes de Cristo.
Así pues,
viendo Lot que la destrucción era muy grande, y que todo había quedado
arrasado, y temiendo por sus vidas que parecían no garantizar su estancia en la
ciudad de Zoar, mudáronse a unas cuevas existentes en las montañas, donde se
refugiaron de la terrible devastación. Zoar, que no fue exterminada, quedaba
sin embargo en la zona del desastre, por lo que sus habitantes la evacuaron
dejándola abandonada.
Pasado algún
tiempo, Lot y sus hijas pensaron que eran los únicos habitantes de
Pensando que
iban a quedar sin descendencia, idearon acostarse con su padre, para lo cual lo
embriagaron y yacieron con él, quedando ambas en cinta. Por aquella época no
parecía haber problemas en que se pudiera tener más de una mujer, o en la
relación entre parientes consanguíneos.
La mayor de
las hijas dio a luz a Moab, que fue el padre de los actuales moabitas.
La más joven
parió a Ben Ammí, padre de los actuales ammonitas.
Abraham se
quedó a vivir en el país de los filisteos durante muchos años, y su esposa Sara
dio a luz a un varón a quien pusieron por nombre
Isaac,
cumpliéndose así la predicción de los dioses, que posiblemente tuvieron mucho
que ver en ese nacimiento.
Aquí acaba el
relato sobre la destrucción de la zona donde se asentaban las cinco ciudades
que fueron malditas por su anormal comportamiento.
Pero ¿fue así
en realidad? ¿No sería al revés, que las citadas ciudades fueron destruidas por
ser leales al dios rival de Jehová, llamado Enki, cuyo símbolo era la serpiente
y que era su hermano?.
Jehová era, al
parecer, Enlil, el dios que odiaba o al menos despreciaba al ser humano, y que
participó en todas y cada una de las acciones en que se produjo una destrucción
o devastación, buscando la desaparición de esa Humanidad esclava, Humanidad que
repugnaba a ese Enlil, que fue adoptado como Dios por el pueblo de Israel, que
no pudo hacer peor elección.
Entre el malo
y el bueno, eligieron al malo como Dios de Israel, el dios cruel y vengativo de
Jehová-Enlil,
fue quien produjo el Diluvio que arrasó el planeta, y que pudo acabar con el
ser humano de no haber sido por el aviso y la ayuda del dios bueno, Enki,
Diluvio que horrorizó incluso a los propios dioses Annunakis, y que los obligó
a abandonar, temporalmente, nuestro planeta.
¿Fueron
entonces los habitantes de
Los dioses
encargados de provocar la destrucción, no sólo destruyeron las cinco ciudades
de Canaán, sino las instalaciones, (espaciopuerto), que los dioses rivales
mantenían en el Sinaí. La explosión del Valle de Siddim fue secundaria pero
unida a la espantosa destrucción del Sinaí.
La
radiactividad producida por estas destrucciones afectó a todo Sumer, y las
gentes morían de una muerte terrible, así como los animales. Todo quedó
contaminado, y la tierra imposibilitada para el cultivo.
La gran
civilización de Sumer desaparece, y la herencia pasa a Abraham y a su semilla Isaac.
Muchos
arqueólogos e historiadores siguieron la pista de estos sucesos, y no pudieron
hallar los restos de las ciudades malditas, pero otros creen haberlas hallado
justo en la zona donde
Desde luego,
lo fueran o no, estas ciudades encontradas también habían sido destruidas.
Estos relatos
de las idas y venidas de los dioses, y de sus terribles enfrentamientos vienen
descritos en los textos cuneiformes de las tablillas de la civilización
sumeria, de donde bebieron los cronistas que escribieron